El más grande Señor había prometido que él no se llevaría el alma de Abraham a no ser que el hombre quisiera morir y le pidiera a Él que lo hiciera.
Cuando la vida de Abraham estaba tocando su fin y Dios decisión hacerse con él, envió un ángel en forma de hombre viejo y decrépito, prácticamente incapacitado.
El viejo se detuvo a la puerta de Abraham y le dijo: "Ay, Abraham, me gustaría algo de comer". Abraham estaba asombrado de oírle decir esto. "Muere -le dijo Abraham-. Sería mejor para ti que seguir viviendo en esas condiciones."
Abraham siempre tenia comida preparada en su casa para invitados pasajeros. Así que le dio al viejo un cuenco con caldo de carne y migas de pan. El viejo se sentó a comer. Tragaba laboriosamente con gran esfuerzo y una vez, al coger la comida, se le cayó de la meno y se desparramó por el suelo.
"Ay Abraham -digo-, ayúdame a comer. "Abraham cogió la comida con la mano y se llevó al viejo a los labios. Pero se le cayó por la barba y el pecho. "¿Cuántos años tiene, hombre?", preguntó Abraham. El viejo refirió unos años más de los que tenía el viejo Abraham.
Entonces Abraham exclamó: "Ay, Señor, nuestro Dios, llévame ante ti antes de que llegue a la edad de este hombre mayor y caiga en la misma condición en la que se encuentra él ahora".
No había terminando de pronunciar estas palabras cuando Dios tomó posesión de su alma.
La Artimaña Sutil:
El libro de sabiduría y Astucia Arábigas,
Siglo XIII

Comentarios
Publicar un comentario