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Entradas

Mostrando las entradas de junio, 2022

Dios y Abraham

El más grande Señor había prometido que él no se llevaría el alma de Abraham a no ser que el hombre quisiera morir y le pidiera a Él que lo hiciera. Cuando la vida de Abraham estaba tocando su fin y Dios decisión hacerse con él,  envió un ángel en forma de hombre viejo y decrépito, prácticamente incapacitado. El viejo se detuvo a la puerta de Abraham y le dijo: "Ay, Abraham, me gustaría algo de comer". Abraham estaba asombrado de oírle decir esto. "Muere -le dijo Abraham-. Sería mejor para ti que seguir viviendo en esas condiciones." Abraham siempre tenia comida preparada en su casa para invitados pasajeros. Así que le dio al viejo un cuenco con caldo de carne y migas de pan. El viejo se sentó a comer. Tragaba laboriosamente con gran esfuerzo y una vez, al coger la comida, se le cayó de la meno y se desparramó por el suelo. "Ay Abraham -digo-, ayúdame a comer. "Abraham cogió la comida con la mano y se llevó al viejo a los labios. Pero se le cayó por la bar...

Michael Arlen

Durante una mala racha  (el escribo de teatro) Michael Arlen fue a New York en 1994. Para ahogar sus penas hizo una visita al famoso restaurante 21. En la entrada se encontró con Sam Goldwyn, que le ofreció el poco práctico consejo de comprar caballos de carreras. En la barra, Arlen se encontró con Luis B. Mayer, un viejo conocido que le preguntó por sus planes para el futuro. "Estaba hablando con Sam Goldwyn...", empezó a decir Arlen. "¿Cuánto te ha ofrecido?", le interrumpió Mayer. "No lo suficiente", respondió de forma evasiva. "¿Aceptarías quince mil por treinta semanas?", preguntó Mayer. Ni una duda esta vez. "Sí", dijo Arlen. The Little, Brown Book of Anecdotes, Clifton Fadiman, Ed., 1985

La Tortuga, el Elefante y el Hipopótamo

  Un día la tortuga conoció al elefante y este le dijo: "Fuera de mi camino, debilucho, ¡que te voy a dar un pisotón!". La tortuga no tenía miedo y se quedó donde estaba, así que el elefante la pisó, pero no la pudo aplastar. "No hagas alardes, Sr. Elefante, ¡soy tan fuerte como tú!". Pero el elefante se limitó a reír. Así que la tortuga le pidió que viniera a su colina la mañana próxima. Al día siguiente, antes del amanecer, la tortuga se apresuró colina abajo hasta el río, donde se encontró con el hipopótamo, que iba de vuelta al agua después de su comida nocturna. "¡Sr. Hipo! ¿Jugamos a tira y afloja con la cuerda? ¡Apuesto a que soy tan fuerte como tú!", dijo la tortuga. El hipopótamo se rió de esta idea ridícula, pero aceptó. La tortuga sacó una cuerda larga y le dijo que la sujetara en la boca hasta que gritara "¡Ya!". Entonces subió corriendo hasta la colina donde se encontró al elefante, que se estaba empezando a impacientar. Le dio al el...

La Serpiente, el granjero y la garza

Una serpiente a la que perseguían los cazadores le pidió a un granjero que le salvara la vida.  Para esconderla de sus perseguidores, el granjero se agachó y dejó que la serpiente se metiera en su tripa. Pero cuando pasó el peligro y el granjero le pidió a la serpiente que saliera, ésta se negó. Dentro estaba caliente y segura. De camino a casa, el hombre el hombre vio una garza y se acercó a ella para susurrarle lo que le había pasado. La garza le dijo que se agachara e hiciera un esfuerzo por expulsar a la serpiente. Cuando ésta sacó la cabeza, la garza la agarró, la sacó y la mató. El granjero estaba preocupado por si todavía tuviera dentro el veneno de la serpiente, y la garza le dijo que la cura para el veneno de serpiente era cocinar y comerse seis aves blancas. “Tú eres un ave blanca”. Dijo el granjero.  “Tú estás bien para empezar”. Agarro la garza, la puso en una bolsa y se la llevó a  casa  donde la colgó, mientras le contaba a su mujer lo que había pasado....