Un día la tortuga conoció al elefante y este le dijo: "Fuera de mi camino, debilucho, ¡que te voy a dar un pisotón!". La tortuga no tenía miedo y se quedó donde estaba, así que el elefante la pisó, pero no la pudo aplastar. "No hagas alardes, Sr. Elefante, ¡soy tan fuerte como tú!". Pero el elefante se limitó a reír.
Así que la tortuga le pidió que viniera a su colina la mañana próxima. Al día siguiente, antes del amanecer, la tortuga se apresuró colina abajo hasta el río, donde se encontró con el hipopótamo, que iba de vuelta al agua después de su comida nocturna.
"¡Sr. Hipo! ¿Jugamos a tira y afloja con la cuerda? ¡Apuesto a que soy tan fuerte como tú!", dijo la tortuga. El hipopótamo se rió de esta idea ridícula, pero aceptó. La tortuga sacó una cuerda larga y le dijo que la sujetara en la boca hasta que gritara "¡Ya!". Entonces subió corriendo hasta la colina donde se encontró al elefante, que se estaba empezando a impacientar. Le dio al elefante el otro extremo de la cuerda y dijo: "Cuando diga ¡Ya! tira y verás quien es el más fuerte de los dos".
Entonces corrió hasta la mitad de la colina, hasta un sitio donde no le podían ver, y grito "¡Ya!". El elefante y el hipopótamo tiraron y tiraron pero ninguno de los dos podía con el otro -tenían la misma fuerza-. Ambos estuvieron de acuerdo en que la tortuga era tan fuerte como ellos.
Nunca hagas lo que los otros pueden hacer por ti. La tortuga dejó que los demás hicieran el trabajo mientras ella se llevó todos los méritos.
Fábula del Zaire.

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